La dieta gourmet #alimentacion #gourmet

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Los obesos más obesos del mundo tienen muchas cosas en común, además de la presión de vivir con exceso de peso. Según diferentes estudios, un gran porcentaje de personas con obesidad crónica:

  • Comen deprisa, de forma compulsiva, con escasa conciencia de lo que comen.
  • Comen a cualquier hora, a menudo solos y delante de la tele o el ordenador.
  • Toman un exceso de alimentos procesados y pocos alimentos frescos.
  • Ven la alimentación como una sucesión de excesos y privaciones, no como un acto placentero y una oportunidad para el encuentro entre personas.
  • Cuidan poco los detalles y rituales, como poner una mesa bonita, presentar los platos de forma agradable o respetar las normas.
  • Su vida transcurre en una sucesión de dietas, tras las cuales recuperan rápidamente el peso perdido, a menudo con varios kilos extra. 

Filosofía “delicatessen”

Los interrogantes, por lo tanto, serían: ¿qué hacen las personas que se mantienen delgadas y en forma a lo largo de la vida? ¿Qué les diferencia de las que viven en una constante batalla contra los kilos? Según muchos expertos, la diferencia está en la actitud, algo que incluye la propia forma de comer y que refleja todo un estilo de vida. Es el enfoque que se conoce como “chic & slim” (estilosa y delgada), que se está convirtiendo en norma entre muchas mujeres de ambos lados del Atlántico. En resumen, la idea central es que las personas que consideran las comidas como una experiencia sensorial, social, civilizada, son las que más probabilidades tienen de mantener un peso adecuado y de vivir más sanas y más años.

“Si introduces en tu mente la idea del buen gusto, es mucho más difícil que acabes comiendo cualquier cosa delante de la tele, engullendo en vez de saborear –opina la actriz Sarah Jessica Parker, una de las actrices que practican esta filosofía–. Mantenerse delgado no tiene que ver con contar calorías todo el día o seguir dietas dogmáticas, ya sean vegetarianas, macrobióticas o disociadas. Es el resultado de vivir con un cierto estilo”.

Dicho de otro modo, las personas que no necesitan seguir dietas constantemente ponen el énfasis en la calidad en lugar de en la cantidad. Una calidad que no se refiere al precio, sino a la idea detratarse bien a sí mismas. Al preparar una ensalada, las personas que saben comer con gusto te harán una vinagreta especial, con aceite de oliva extra, vinagre balsámico, hierbas aromáticas y algún añadido especial –como unas pasas o unas nueces–, y la servirán en un bonito plato, sobre una mesa puesta con gusto. También, en vez de pedir una pizza por teléfono y tomársela delante de la tele, lo harán sentados a una mesa cuidada y prepararán un menú rápido y exquisito, por ejemplo, a base de quesos y manzanas, o de ensaladas y fiambres, o un plato más elaborado si tienen tiempo.

“Las personas que saben mantener un peso saludable a lo largo de la vida se notan en el restaurante –señalaba no hace mucho el famoso chef francés Paul Bocuse–. Son aquellas que no viven la comida como un viaje a la culpabilidad, sino como una experiencia placentera. Por el contrario, vemos a muchas mujeres con kilos de más que, nada más empezar a leer la carta, ya te dicen que están a dieta y que solo tomarán una ensalada. Siempre me pregunto si, al llegar a casa, no desvalijarán la nevera”.

Lo que está bastante claro es que las tasas de obesidad de un país aumentan a medida que la población adopta formas de comer extrañas a sus tradiciones culinarias y se va aficionando cada vez más a lo que se conoce como comida rápida. Cuando eso ocurre, las dietas se disparan, generando un efecto yoyó. Se sabe, por ejemplo, que después de las fiestas navideñas, más del 50% de la población española se pone a dieta… para abandonarla un par de semanas después. Para los expertos de la Fundación Dieta Mediterránea, lo que está ocurriendo es insensato: mientras los países del norte y centro de Europa están adoptando gradualmente nuestra forma tradicional de alimentación (basada en alimentos frescos, preparados en casa, y en una forma de comer relajada y agradable) los países mediterráneos, donde nació esa forma tan sana de alimentación, la estamos abandonando claramente.

El ritual de despertar 
Antes de levantarte, dedica un par de minutos a estirarte en la cama. 
Pon música (jazz, clásica, pop, rock… la que sientes que más te anima) y abre la ventana para que entre la luz de la mañana: eso “reseteará” tu reloj corporal y evitará que caigas en el insomnio.
Haz al menos cinco minutos de ejercicio, incluyendo alguno con pequeñas pesas (eso mantendrá tu masa muscular y tu energía). *Bebe un vaso de agua con el zumo de medio limón antes de ducharte.

Durante el día 
Si sientes hambre entre horas, bebe agua con zumo de limón; toma un té con unas cuantas almendras o nueces; prepárate un pequeño sándwich de pan integral con una rodaja de tomate y una loncha de pavo (y tómalo lentamente).
Si el deseo de dulce te asedia, toma un trocito de chocolate rico en cacao: te calmará y te habrás asegurado una buena dosis de antioxidantes.
Levántate a menudo de tu silla o sofá y camina a la menor ocasión. Da un paseo de 15 minutos antes de comer y otro de al menos media hora al terminar la jornada de trabajo.
Haz respiraciones profundas siempre que te sientas estresada: aspira aire notando cómo se te hincha el vientre y retén la respiración unos segundos. Una actitud relajada evita comer de forma compulsiva.

Qué beber 
Toma al menos cuatro vasos de agua al día, además de los de las comidas, aunque no tengas sed.
El té está repleto de antioxidantes y no tiene más calorías que las de la leche y el azúcar que le añadas. Prueba tés exóticos de todo el mundo.
Si lo tuyo es el café, invierte en la mejor cafetera que te puedas costear, lee acerca de los distintos cafés del mundo (¡es un mundo apasionante!) y ve probándolos. Lo mismo que el té, el café tiene las calorías de los añadidos que le incorpores.
Experimenta con zumos de frutas y verduras diferentes y aprende a preparar “smoothies”, sanos y bajos en calorías, servidos en pequeñas y bonitas copas. Un vaso de vino al día te ofrece antioxidantes cardiosaludables y no supone riesgo para la salud.

10 Pautas para tratarte bien y perder peso 

1. Considérate una mujer especial que se merece algo más que comida rápida. Esa actitud te animará a alimentarte mejor.

2. No te prohíbas ningún alimento. Como explicaba Carla Bruni, ex primera dama francesa: “Yo tomo de todo, incluidos tarta de chocolate y foie, pero en muy pequeñas cantidades. Después de algún exceso hago un día detox: bebo mucha agua y me alimento de zumos y caldos”.

3. Basa tu alimentación en productos frescos, preparados en casa. Ve al mercado al menos una vez por semana.

4. Opta siempre por la calidad. Un cruasán artesanal suele ser más pequeño que uno industrial. Un aceite de oliva extra cunde más y aporta mejor sabor a los platos que otro más barato y lo mismo se aplica a vinos y cafés.

5. Come sentada a una mesa (mejor si está preparada con esmero), posando los cubiertos con frecuencia y dejando espacio para la conversación. Las personas que comen así lo hacen mejor (más alimentos frescos y menos procesados) y menos, quizá porque lo hacen en compañía y tardan más. Así dan tiempo a que el cerebro procese la señal de saciedad, que tarda unos 20 minutos en llegar.

6. Saber cocinar es signo de cultura. Si aún no te has estrenado en los fogones, no lo dudes yapúntate a un curso de cocina. Hay centenares de platos sencillos que son un placer para el paladar.

7. No caigas en la tentación del “dos por uno” y evita repetir. 

8. Apúntate a un curso de baile o de buceo, a un grupo de arqueología o una asociación de amigos de la montaña. Si unes actividad física a relaciones sociales, es mucho más probable que sigas en el empeño. Recuerda que un mínimo de 30 a 60 minutos diarios de ejercicio son de rigor.

9. Para evitar ataques de hambre, reparte las calorías en cuatro pequeñas comidas e incluye proteínas también en el desayuno. Carne o embutidos magros, yogur o quesos frescos, huevos a la plancha o en revuelto…

10. Si lo dulce es tu debilidad, hay postres exquisitos bajos en calorías: un sorbete de melón, una bolita de helado con fresones o frambuesas, un soufflé…

Visto en hoymujer.com